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¿Que quién soy? ¿Que qué hago? Lo primero no tiene importancia pero te diré quien soy para luego ir a lo interesante. Me llamo Sergio y me gusta escribir. 

Ahora lo importante, que es qué provecho vas a sacar de aquí. 

Al loro, que esto es para ti.

Lo primero, la pedrada en el ojo: da igual lo bueno que seas en algo, si no sabes contarlo para que alguien se entere.

Segundo, la tirita de la pedrada: la mejor manera de comunicar, y por lo tanto de vender, es a través de las palabras.

Tengo una newsletter donde te doy consejos y utilidades varias del mundo del emprendimiento, para que te vaya bien con tu negocio, ya sea físico, online o en la quinta dimensión, y además tanto si lo tienes como si piensas tenerlo.

De ahí sacarás formas de utilizar la redacción de textos para tu web, tus cartas de venta, tus correos, o lo que sea, de manera que el impacto en tu público sea mayor que el de ahora.

Destacarás en tu sector al comunicar mejor (ya sabes, más ventas).

Aquí te dejo algunos correos de los muchos que mando, para que veas pruebas reales de cómo ocupo un espacio en la bandeja de entrada de la gente.

El cuento de siempre

Al loro. 

Casi cada día veo casos así. 

En mi consulta de fisio trato con mucha gente y a algunos les gusta estar calladitos. A otros les gusta contarme cosas. Cosas de su casa, cosas de sus aficiones, cosas guarras, y demás. 

Ya sabes como es la gente. Un poco de todo.
A algunos les gusta su profesión y van contentos todos los días a su trabajo. Se ríen con sus compañeros, completan su jornada y todo es magia y arcoiris.
A otros no les pasa lo mismo. De hecho están un poco jodidos. Cambios de jefe, cambios de compañeros, cambios de oficina, cambios de turno… un drama.
Sufren cualquier cosa que se te ocurra que esté fuera del alcance de un empleado, que es casi todo. No decides tu horario, ni tus tareas, ni tu sueldo, ni la gente con la que trabajas. 
Nada de nada. Sólo se te ofrece y si quieres, aceptas, o mejor dicho en el contexto que vivimos, aceptas incluso antes de que se ofrezca nada, porque estás acojonado y no quieres llevarle la contraria a nadie, no vaya a ser que haya represalias.
Entonces es cuando me acuerdo de cómo es el mundo del emprendimiento, que es todo lo contrario. Eliges todo. Todo de todo. Digamos que es lo contrario absoluto a lo que te ocurre de empleado.

Si alguien te manda, ese eres tú.

Si alguien dicta lo que cobras por servicio, por horas o por lo que te salga de la narices, eres tú.

Si trabajas con más personas, las escoges tú.

Tú y sólo tú. Parece que a mucha gente le asusta estar “al frente” de un negocio, pero no me jodas… es lo más cercano a lo que el humano puede entender por libertad. No le veo el fallo.

La cuestión es que te planteo este escenario, pero haz con eso lo que veas conveniente. No soy tu padre y no seré el que te diga lo que tienes que hacer. Sólo te enseño cómo disfrutamos cada día los que tenemos un negocio. 

Libertad para todo sin que nadie te toque los cojones, incluso para decidir quién es tu cliente y quién no. Sí, puedes negarte a trabajar para este o para aquel, pero de eso ya hablaremos en otro momento.

Cuídate.

Sergio 



Lección de ventas del chatarrero borracho

Al loro. 

Un día fui a lavar el coche a uno de esos sitios que tienen como una escopeta que escupe agua con mucha fuerza. 

Nada más salir del coche con mi monedita en la mano preparada, aparece un tío con pinta de no haberse lavado en días, que se me planta delante.

Pensaba que quería que le metiera con el chorro de agua, pero no. Sólo se presentó diciendo que era chatarrero y que a ver si le podía ayudar.

Solamente dijo eso y se me quedó mirando.

Yo también le miraba porque estaba esperando a que me dijera en qué quería que le ayudara. No sé, que le dijera dónde estaba algún sitio que buscaba o que le indicara cualquier otra cosa.

Tres segundos después de estar mirándonos el uno al otro sin más, me dice:

     - Hombre, no me mires así.

     - Ah no, es que no sé en qué quieres que te ayude. -le dije.

Entonces me muestra las palmas de la mano, que estaban más negras que limpias, y en una de ellas llevaba una moneda de 5 céntimos.

Ah claro, caí en que el tío quería pasta. Tenía que haberme dado cuenta antes…

Le di la moneda que tenía preparada para mi chorro de agua, me dio un golpecito en el brazo y se largó casi desapareciendo al instante.

Lección de esto: cuando vendas algo, la gente no tiene que presuponer nada. Di lo que quieres que la gente haga, ya sea comprarte, suscribirse, reservar una plaza o lo que sea.

Hay una lección más de regalo, que vino por parte del mismo chatarrero, unos minutos más tarde.

Cuando estaba quitándole el jabón al coche, lo vi a los pocos metros con una lata de cerveza y yéndose hacia vete a saber dónde.

Segunda lección: Aquello con lo que ayudas a los demás, no siempre lo utilizarán de la manera que tú pensaste. En mi caso, le di la moneda pensando que compraría algo para comer o jabón para lavarse. Yo qué sé.

Lo que no me pensaba es que esa cara de medio desesperado con la que me miraba minutos antes, era porque buscaba financiarse un trago.

No es cosa nuestra cómo se utilice lo que vendemos. Una vez que es propiedad de quien nos ha comprado, puede hacer el uso de ello como quiera.

Cuídate.

Sergio
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Lo de salir de la zona de confort es una idiotez

Al loro. 

Mucho se cuenta de esto de la zona de confort y que tienes que salir de ella, como si tu padre te echara de casa porque tienes treinta y tantos.

Sobre todo en el mundillo del crecimiento personal esto está más que visto, y un poco menos también en asuntos de emprendimiento. Conocemos el
concepto de zona de confort, pero está muy mal enfocado el qué hacer con ello.

Te pongo en situación y luego te doy la explicación.

Si salir de esa zona de seguridad significa estar jodido sin más misión que esa, la naturaleza humana nos empuja a volver de nuevo a la zona de confort, porque es lo conocido y lo seguro.
“Salir” de esa zona no tiene ningún sentido. Por eso se abandona pronto cualquier proyecto nuevo o enseguida desistimos de estar en ambientes donde no estamos cómodos.

La cosa no es salir de ningún sitio, sino “ampliar el espacio”. Si sales a un sitio que rechazas, volverás a casa pronto, pero si amplías esa zona de
confort, sencillamente conocerás cosas nuevas, pero no tendrás ganas de escaparte, es decir, de continuar con lo que hayas comenzado.

El ser humano rechaza lo desconocido o lo que le disgusta. Es normal. Es su naturaleza, y no se acostumbra a ello ni de coña, a no ser que haga el siguiente ejercicio: convertir lo desconocido en conocido.

Si haces eso con actitud de querer explorar y mejorar en el ámbito que estés tratando, no tendrás que salir de ninguna zona de confort, sino que la harás más grande. Invadirás la zona de “no confort” para hacerla tuya.

Por eso es vital que tengas ganas de medirte contigo mismo y de aprender cosas nuevas. No vivas en la incomodidad, sino en la pasión por hacer aquello que te hace mejor.

Cuídate.

Sergio


 

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